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El arte de dar y pedir perdón

El arte de dar y pedir perdón Toda persona, no importa la edad, condición física o social, necesita relacionarse con los demás.
Contar con apoyo es algo que nos hace bien, pero también puede suponer motivos de conflicto y desacuerdo que provoquen sentimientos negativos tales como el rencor, el orgullo o dar el primer paso para una reconciliación, cuando esta es posible.



Muchos son los enemigos del perdón, sin embargo hay cualidades y actitudes que podrían ayudar a la reconciliación, si no con los demás, al menos con nosotras mismas.  Por ejemplo, la amistad es supuestamente para conocer a la otra persona y participar en su vida estando presente en los momentos difíciles de una forma desinteresada y recíproca. Pero una gran amistad podría pasar por un periodo de crisis y desacuerdos que pongan en peligro la amistad, incluso la que ha sido de por años… Afortunadamente, las buenas amistades superan esas crisis, haciendo que la experiencia les sirva para establecer un vínculo de amistad más fuerte.
Por otro lado, no siempre es tan fácil como se dice, ya que muchas personas no tienen la incapacidad de perdonar que podría ser fruto del desconocimiento de nosotras mismas: nos cuesta reconocer los principales elementos para dar el perdón ya sea por orgullo o por incomprensión, llegando a pensar que son siempre los demás quienes tienen que dar el primer paso, y por no ceder, los resentimientos se van haciendo mas profundos, negándose a si mismas la oportunidad de fortalecer el amor de familiares y amigos; actitudes que se podrían clasificar como de incomprensión y la dificultad de “ponernos en los zapatos del otro” sin detenernos a pensar en lo que la otra persona siente, nos convertimos en intolerables e incapaces de ver las cosas de otro punto de vista de otros.
Muchas veces es mucho más fácil adoptar el papel de víctima, buscando culpables, sin reconocer ni aceptar que también nosotros tenemos parte de culpa, no siempre tenemos la razón, no siempre se deben buscar excusas para justificar nuestro proceder, no podemos ni debemos tomar actitudes de desconfianza, debemos tener presente que cuanto más rápido se aborten los resentimientos de nuestra mente y corazón, más pronto los podremos eliminar de nuestra vida.
Por mucho que lo deseemos, muchas veces no depende de nosotras que un conflicto se arregle, porque la otra parte también tiene voz y decisión. A veces una de las partes se cierra en banda y decide no vernos ni darnos otra opción que no sea la total separación de los vínculos que nos unían. Vale la pena hacer todo lo posible por recuperar amigos y familiares, vale la pena que seamos nosotras quienes damos el primer paso, no porque nos demos por vencidas o porque nos hayan derrotado, después de todo, tomar la iniciativa y propiciar el acercamiento y consecuentemente la reconciliación es más bien un acto de valentía.
Vale la pena también, llegar a la raíz que provocó el conflicto, pensar en si valió la pena el dolor, aclarar la mente para estar seguras que si queremos un nuevo acercamiento o simplemente queremos dar el perdón para sentirnos bien con nosotras mismas y poder así desarrollar nuestra capacidad de confiar en los demás, y poder ver sus cualidades, disculpar sus errores y a aceptarlos tal cual son y no como nos gustaría que fueran.
Recordemos que no se trata de buscar culpables, pero sí de encontrar soluciones, si estamos dispuestas a perdonar y a reconocer que necesitamos ser perdonadas tendremos paz y serenidad interior para dejar de alimentar y recordar todo lo negativo que nos entristece. Sin ser fatalistas, pero pensando siempre que hoy puede ser el último día de nuestra vida o de la otra persona, perdonemos a quien nos ofendió. Perdonar no es un acto de debilidad, no debe ser hecho como un favor del que nos tengan que devolver más tarde, el perdón ha de darse como un regalo. sin pedir nada a cambio.
Demos el perdón que nos es pedido sin poner condiciones sin disculpar a quien nos ofendió, sin disfrazar las ofensas, lo mejor es aceptar que nos provocó dolor, sólo así podremos dar el perdón de corazón y sentirnos libres de una pesada carga como lo son los sentimientos negativos del resentimiento, rencor, odio y deseos de venganza, tratando siempre de mantener nuestro equilibrio emocional. Recuerda que siempre hay otras personas que nos aman, que necesitan del buen ejemplo.
¿Has perdonado alguna vez, o has necesitado del perdón de alguien?
Con el cariño de siempre:
Amanecer cautiva del amor.

El perdón libera


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